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La felicidad vista desde el Taichí

La definición de la "felicidad" es variada, y un concepto ambiguo a definir por cada uno, aunque no sea verbalizado en palabras. Para el Taichí, la felicidad es lograr el equilibrio cuerpo-mente, en el cual el individuo se mantiene corporalmente estimulado, y mentalmente calmado. Te invito a profundizar un poco más sobre esto...



El Taichí no es una dinámica corporal espectacular (salvo en algunas competiciones), y su objetivo primordial no es mostrar algo llamativo hacia el exterior. Como disciplina gimnástica no persigue objetivos mesurables como lograr una apertura específica, flexionar las piernas hasta un nivel determinado o mantener las posiciones un tiempo previamente marcado. En su práctica, uno parte de unas coreografías previamente diseñadas que sirven como base para corregir la postura corporal, manejar el cuerpo sin forzar las articulaciones y coordinar la respiración para mantenerse relajado en el propio esfuerzo.


Al no tener objetivos externos, ofrece la posibilidad de conectar con las propias necesidades del organismo, buscando su ajuste óptimo. El bienestar físico que se persigue es fruto de realizar un esfuerzo justo que no fuerce el ritmo cardiaco, y un manejo muscular lo más suave y fluido posible. Esto induce, con la práctica regular, una estimulación corporal que invita a realizar las tareas cotidianas sin sensación de pesadez o cansancio. Es decir, adquirimos la energía o vitalidad para hacer aquello que queremos o que tenemos que hacer de manera fácil y llevadera.


Simultáneamente, la mente se coordina con el cuerpo tomando conciencia de aspectos sutiles como la pisada, la posición de la columna vertebral o el ritmo respiratorio. En el Tachí, la mente no tiene margen para entretenerse con preocupaciones, problemas o dudas, ya que ha de centrarse en múltiples aspectos orgánicos. Hay, por tanto, un trabajo continuo de Conciencia Corporal Plena, que provoca una sensación de relajación y calma posterior a la práctica, y que tiende a mantenerse en el tiempo.


Este equilibrio "cuerpo estimulado - mente relajada" es, según la visión taoísta, una clave esencial para sentirse pleno, optimista y, en definitiva, feliz. Independientemente de las posesiones externas, el lugar en el que se esté, o las personas que a uno le rodeen, se puede entrar en ese estado dual de armonía psicosomática que evita la ansiedad, la angustia o el desánimo.




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